Angela-Lago

Existe una gramática visual, de la cual nos apoderamos intuitivamente.

La base de tal gramática o lenguaje son arquetipos y construcciones visuales

que funcionan como símbolos.

En mi libro “Muito capeta”el simbolo del sol sustituye al reloj.

En “O bicho folharal”él muda de color cuando cambia el día.

Marca el tiempo y me ayuda a contar la historia.

Dibujo de niña 5 años

Tanto en el dibujo como en la poesía, hablamos a través de metáforas.

Sumamos las imágenes arquetípicas, además de nuestros recursos del uso de la línea y del color.

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El espacio bidimensional de la hoja de papel se trata de un espacio de representación. En el espacio bidimensional nada posee concretud.

Puedo, inclusive, construir imágenes, que de otra forma serían imposibles. En el papel, todo es ficción.

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En 1985 quise dibujar un libro sobre la ilusión amorosa, y por esta razón, traté de acentuar el aspecto ilusorio de la tercera dimensión en la hoja de papel.

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En este libro cuento la eterna historia de jóvenes que se buscan y se alejan y tornan a buscarse.

A cada lado del libro, la historia es contada por uno de los personajes.

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Un dibujo de un niño, en el cual un amigo saluda a otro desde el otro lado de la calle.

La intención es la misma que la mía. ¡Qué eficiencia!

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Estoy cada vez más interesada en los dibujos de niños que siempre me enseñan una manera más contundente que las que he venido utilizando en mis narrativas visuales.

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Estamos bastante acostumbrados a textos donde los narradores toman turnos para contar la historia.

Utilicé esta técnica en “Cântico dos Cânticos” y también en "A casa da onça e do bode."

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También puedo tener la mirada omnipresente y omnisciente del narrador de cuentos de hadas, que sabe todo lo que sucede en el reino del Era una vez. Fue la perspectiva que escogí en el libro “Juan Felizario Contento”.

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Ya en el libro “A Banguelinha”, quien cuenta la historia es el dueño del apartamento del segundo piso.

El trazo trémulo se justifica, es un señor de edad. El lector tiene acceso al texto que él escribe a máquina y donde toma sus notas. Vemos a los otros personajes según su visión.

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La administradora del edificio definitivamente le parece ser una bruja.

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Pero, ¿quién es el narrador visual en la Siete Historias para sacudir el esqueleto?

Aquí es el temblor de alguien horrorizado: es la representación del propio lector que, aterrado, pasa las páginas con miedo.

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El lector es coautor, por el simple hecho de pasar la página.

Es que la composición de los dibujos bidimensionales del libro prevé la tercera dimensión de este objeto.

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Al mover la página en diferentes ángulos de lectura, el lector acentúa la composición del dibujo.

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Con la página en movimiento, la intromisión de la administradora del edificio

pasando de una página para la otra se torna mucho más evidente.

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lIlustración de Boticelli para La Divina Comedia.

El héroe de todas las historias, incluso el héroe victorioso de nuestra historia personal, es el tiempo.

El tiempo es la cuarta dimensión, y sin ella, lógicamente, ninguna narrativa es posible.

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Nos parecen extraños los dibujos de artistas y de niños que representan diferentes momentos

repitiendo los personajes en situaciones diferentes en la misma hoja de papel.

Solamente nos sentimos a gusto con ese procedimiento si las situaciones aparecen dentro de viñetas

dispuestas para una lectura linear, como en el caso de los comics.

La representación del paso del tiempo para el creador de álbumes de imágenes

es semejante a la del director de cine.

El paso de la página es un corte en el montaje.

Los momentos diferentes se dividen a través de las páginas dobles.

El paso de las páginas le impondrá algún ritmo al lector.

En un libro de terror conviene que nos prolonguemos en el terror.

O podemos incluir una página sin acontecimientos, o textos para acentuar un momento monótono.

En general, intentaremos conseguir un ritmo ágil

que al mismo tiempo permita el entendimiento de la secuencia narrativa.

Dibujo de una niña refugiada

Queremos la participación del receptor,

y dificultades o complejidades crearán respuestas más ricas.

Tal vez sea por eso que utilizamos metáforas en el habla y el dibujo.

Necesitamos un extrañamiento para que exista una revelación.

Los embajadores, Holbein

La anamorfosis sería un ejemplo extremo de la participación activa del receptor.

Veamos ejemplos más sencillos: la metáfora visual de atribuirle a un objeto el color de otro.

Mis gatos son verdes porque sus movimientos son líquidos, acuáticos.

O se trata de una metonimia y el color de los ojos del gato se expande por toda la figura.

No importa. Trazos y colores crían metáforas que no siempre serán descifradas

de una única y consistente manera.

En el libro “A Raça Perfeita”, donde sucede una historia de manipulación genética,

la técnica es la de la manipulación fotográfica.